¿Qué es la vigorexia?

La vigorexia es un trastorno dismórfico corporal en el que la persona se obsesiona con conseguir un cuerpo extremadamente musculado y voluminoso, por un miedo intenso a parecer débil o pequeña. Por mucha musculatura que desarrolle, sigue viéndose insuficiente: la realidad del espejo no coincide con la imagen que tiene de sí misma.

El ejercicio físico se convierte en una obsesión que ocupa gran parte del día. La alimentación se planifica de forma estricta. Las relaciones sociales se resienten, porque la disciplina autoimpuesta no deja espacio para nada que se salga del plan. Aparecen ansiedad, irritabilidad y, con frecuencia, ánimo bajo cuando algo interfiere en la rutina de entrenamiento.

Afecta sobre todo a hombres, aunque también a mujeres, especialmente jóvenes y adultos jóvenes en entornos donde la imagen corporal y la musculatura ocupan un lugar importante.

  • Señales de Alerta

    La vigorexia suele empezar de forma silenciosa y se camufla durante mucho tiempo bajo la apariencia de hábitos saludables. Algunas señales que conviene tener en cuenta cuando se mantienen en el tiempo:

    • Distorsión de la imagen corporal: verse débil, pequeño o insuficientemente musculado a pesar de tener un cuerpo dentro de la normalidad o claramente musculado.

    • Pensamientos obsesivos sobre el cuerpo y la musculatura durante gran parte del día.

    • Ejercicio físico que ocupa muchas horas del día y que se hace de forma compulsiva, incluso con lesiones, cansancio o enfermedad.

    • Planificación rígida de la alimentación, con preocupación constante por las proteínas y restricción de otros grupos de alimentos.

    • Consumo de sustancias o suplementos para potenciar la musculatura.

    • Consultar el espejo o la báscula de forma repetida a lo largo del día.

    • Aislamiento social: dejar de quedar, abandonar planes que interfieran con el entrenamiento o la dieta.

    • Cambios de humor, irritabilidad o ansiedad cuando algo impide entrenar.

    • Gasto importante de tiempo y dinero en gimnasio, alimentación y suplementación.

    Tener alguna de estas señales no confirma por sí solo un trastorno. Lo que sí indica es que merece la pena consultar con un profesional, especialmente si la preocupación por el cuerpo o el entrenamiento está afectando a la vida diaria o a las relaciones.

Vigorexia vs. anorexia: dos caras del mismo problema

La recuperación es posible

Una idea importante: de la vigorexia se sale. Y un matiz clave: el objetivo del tratamiento no es dejar de cuidar el cuerpo, sino que el cuerpo deje de ser el centro de la vida. Entrenar, alimentarse bien y disfrutar del deporte son objetivos compatibles con la recuperación. Lo que cambia es la relación con todo eso: dejar de vivirlo como obligación, dejar de medirse permanentemente y dejar de sentirse insuficiente.

Una primera consulta no compromete a nada y es la mejor forma de saber qué está pasando y qué se puede hacer.

Preguntas frecuentes

¿Entrenar mucho es vigorexia?

No. Lo importante no es la cantidad, es la relación. La vigorexia aparece cuando el entrenamiento se vuelve obsesivo, ocupa el centro de la vida, deteriora las relaciones y se mantiene a pesar del cansancio, las lesiones o el malestar.

¿Es lo mismo vigorexia que dismorfia muscular?

Sí. Dismorfia muscular es el nombre clínico del mismo cuadro. También se le conoce popularmente como complejo o síndrome de Adonis.

¿Puedo pedir cita si mi familiar todavía no quiere venir?

Sí. Es muy frecuente. Podéis venir vosotros primero y os orientamos sobre cómo dar los siguientes pasos.

Cómo abordamos la vigorexia

En usta. tratamos la vigorexia con un equipo multidisciplinar de psicología, medicina y nutrición.

El tratamiento trabaja la distorsión de la imagen corporal, reduce progresivamente la obsesión por el entrenamiento, flexibiliza la alimentación y fortalece la autoestima desligándola del aspecto físico. El objetivo no es dejar de cuidar el cuerpo, sino que el cuerpo deje de ser el centro de la vida.